La historia de Angelique Ramírez, la apasionada camionera española que recorre Europa en plena pandemia

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Esperó a que sus tres hijos fuesen mayores para cumplir, cerca de la cincuentena, su sueño de ser camionera.

De pequeña, Angelique Ramírez siempre le pedía a su padre un camión para Navidad. A los 12 años ya sabía conducir un tractor. Creció, estudió, trabajó y esperó a que sus tres hijos fuesen mayores para cumplir, cerca de la cincuentena, su sueño de ser camionera.

Una profesión, mayoritariamente masculina, esencial en estos tiempos de pandemia.

Su nombre francés es consecuencia del exilio de su abuelo. En los años 40, en los albores del franquismo, el hombre se instaló en Francia junto a su familia huyendo de la hambruna, y allí nacieron ella y sus hijos.

Desde hace cuatro años, Angelique, abuela de Juliette, una niña de seis meses, recorre las carreteras europeas y ni siquiera la desanima ser una persona de alto riesgo de coronavirus. Su empresa le aconsejó que no trabajara. Es asmática y ha tenido tres neumonías, pero prefiere subirse al camión a quedarse en casa.

“Si lo tengo, me muero”

En general, los camioneros y camioneras están altamente expuestos a posibles contagios –muchos de sus compañeros se han infectado– y a su juicio no han sido lo bastante reconocidos.

“La gente no se da cuenta de que si nosotros no nos movemos no les llegan las cosas. Dime algo que lleves puesto que no lo haya llevado un camión. Ropa, comida, estanterías, medicina. Transportamos todo”, dice.

En este mundo, las mujeres son una excepción y más en rutas internacionales y en la conducción de camiones frigoríficos, como los que lleva Angelique, que se mudó a España hace 12 años en busca de sus raíces.

Recoge la mercancía –fruta o verdura– en las comunidades españolas de Almería o Murcia (sur) y la transporta hasta Suecia por carreteras que ahora están prácticamente vacías. Tarda más o menos dos días en llegar.

Descarga, carga todo tipo de productos en Suecia, Dinamarca o Alemania y regresa a España. El viaje dura aproximadamente una semana.

En su casa, a las afueras del municipio de Vélez-Blanco, en Almería, solo descansa las 45 horas que marca la legislación. Pasado ese tiempo, se vuelve a lanzar a la carretera, normalmente junto a un compañero, aunque a veces lo hace sola. Nunca ha tenido un accidente.

Angelique rebosa energía al hablar, pero desde que empezó la crisis del coronavirus está “reventada”, porque la gente no para de comprar. Es “un no parar”, dice.

A este exceso de trabajo se suman las dificultades de los primeros días. Horas de espera en el lugar de destino para descargar y sin poder salir del camión por el virus. La mayoría de aparcamientos y restaurantes, cerrados.

“En España y Francia en algunos restaurantes de carretera ofrecen bebida gratis para los choferes. Se merecen el cielo por acordarse de nosotros”, afirma.

Angelique ha tomado sus propias medidas de seguridad. Lleva mascarillas, guantes desechables y lejía para lavarse la suelas de los zapatos cada vez que se baja del vehículo. Y se asea al aire libre con un barreño de agua caliente, esponja en mano.

“Evito ir a aseos si veo que están muy usados, me voy al campo, y si entro llevo mis productos. Lo limpio todo bien. Tomo muchas medidas, porque soy persona de riesgo. Sé que si lo tengo, me muero”, comenta.

Las noches las pasa en el camión. No le da miedo. Se ha acostumbrado a vivir en soledad, su casa en Almería está en pleno campo. Además, el camión tiene un sistema de alarma que enseguida suena si alguien lo toca.

Una noche le intentaron robar y salió corriendo fuera para ver qué pasaba. Al verla, los ladrones huyeron. “Cuando me di cuenta de mi reacción, pensé: ¿pero adónde vas tú?”, se ríe al recordarlo.

“Pasión al volante”

Angelique sabe que su trabajo es muy masculino y que hay cosas que sola no podría hacer o tardaría mucho más. Durante estos años se ha enfrentado a situaciones difíciles que incluso le han hecho llorar.

“Muchos hombres son muy machistas. Todavía algunos ven que les vas a adelantar y se cabrean. No aceptan que una mujer esté al volante. Me hacen tonterías y se ríen de mí para asustarme. Pero hay de todo, como en todas partes”, razona.

En un intento de encontrar algo de apoyo, muchas camioneras se han juntado en grupos de WhatsApp, ‘Compañeras Valientes’ o ‘Las Guerreras del Asfalto’, para compartir sus experiencias y los sustos que se llevan. Angelique también es administradora de un grupo en Facebook, ‘Camioneros en Ruta’, en el que publica ofertas de trabajo en el sector transporte para ayudar a las personas sin oficio.

A pesar de las vicisitudes, se ve muchos años más al volante. “Es pasión te tiene que gustar. Hay mucha gente que lo hace porque no hay otra cosa, pero yo lo hago porque me gusta esta vida”, asiente antes de apagar el teléfono para dormir unas horas.

A las 4 de la mañana volverá a encender el motor del camión.

Marta Miera

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