Música y moda: una simbiosis histórica que se ha convertido en el mejor negocio

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Los sentidos de la vista y el oído toman un importante papel en los gustos y decisiones de una persona, ya que lo que recibe nuestro cerebro a través de ellos marca fuertemente nuestra personalidad. En este sentido, la música se alza como uno de los fenómenos más enigmáticos para el ser humano, ya que en los últimos años se ha podido comprobar científicamente el efecto que las melodías tienen en nuestra mente. Y es que, escuchar música no solo modifica nuestro estado de ánimo, sino que puede tener una influencia muy positiva en el desarrollo cognitivo humano, en el estímulo de nuestra inteligencia e incluso en la salud.

Status, el portal de Lujo y Estilo de vida del elEconomista, se suma a esta tendencia y ha creado su propia Playlist, que puedes consultar aquí.

La parte inspiracional de esta disciplina también se alza como una de las más representativas a lo largo de la historia. Son muchos los filósofos, pintores, escritores, dramaturgos o diseñadores que han bebido de la música para la creación de sus obras más preciadas, ya que ésta tiene la capacidad de tocar en la tecla exacta cuando menos te lo esperas.

El caso de la moda es uno de los más particulares ante este fenómeno. Diseñadores de todos los tiempos y estilos se han servido de las melodías para confeccionar sus piezas e idear un concepto. Entre los muchos casos que encontramos a lo largo de los años, recordamos cuando, en 2006, la diseñadora de Gucci, Frida Giannini, presentó una colección inspirada totalmente en David Bowie y su onda Glam, utilizando un look de androide que más tarde conquistaría todas las pasarelas de moda. Justo un año más tarde, Rihanna fue la musa de los hermanos Dean y Dan Caten, diseñadores de DSquare2, marca que también trasladó sus prendas al desfile a través de la cantante barbadense. O la relación de Madonna con Jean Paul Gaultier, Cristina Aguilera como imagen de Versace, Mickel Jackson como fuente de inspiración del diseñador de Balmain Christophe Decarnin, o la más actual, Rosalía y sus chándales de Louis Vuitton, elaborados por Etai Drori, copando los photocalls internacionales.

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Y es que, además de nutrir la creatividad e ingenio, la simbiosis entre la música y la moda va mucho más allá, y también nos ayuda a identificarnos. Las subculturas musicales han creado códigos de vestimenta fácilmente reconocibles, pues ya en los años 70, en metrópolis como Nueva York o Londres, las chaquetas de cuero con chapas de metal señalaban a los amantes del punk-rock. Los aficionados del rap y el hip-hop también han cumplido siempre con un dress-code muy fácil de registrar, con prendas XXL y gorras como complemento básico. Y también ahora, en la escena más actual, seguimos viéndolo con los seguidores del trap y el reguetón, con un estilismo tipo precursado por algunos de los artistas más importantes del panorama musical.

Lo cierto es que los años han dejado claro el poder de la música como estrategia de marketing. Su capacidad para crear asociaciones mentales en los consumidores se ha trasladado a todos los ámbitos del sector de la moda, y tiene su efecto tanto en las pasarelas, con la música elegida para presentar una determinada colección, hasta en una melodía ideada ad-hoc para una firma de moda, que se encarga de que te acuerdes de dicha marca cada vez que se reproduce.

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Pero, como no podía ser de otra forma, la crisis sanitaria del coronavirusha propiciado también cambios en este sentido. Todo lo que conocíamos ha tenido que reinventarse, y los profesionales de estos sectores trabajan para que la relación entre música y moda siga presente en nuestras vidas, pero en otros formatos. Ahora, los puntos de contactos habituales donde la moda históricamente ha utilizado la música, como tiendas físicas o desfiles, han entrado en hibernación. La pandemia ha paralizado los conciertos y festivales hasta, como pronto, el otoño, y los diseñadores han tenido que cancelar sus desfiles o, en el mejor de los casos, realizarlos vía online. Ante esta complicada coyuntura, muchas marcas han visto en el formato audio la mejor herramienta para acercarse a los consumidores, y firmas como Alexander McQueen, The Attico, Giorgio Armani o la relojera de lujo Bulova, entre muchas otras, han lanzado listas de reproducción en Spotify para proximizar la marca al cliente y hacerla más accesible.

“Las listas de reproducción hacen que la marca sea más accesible, y le da una identidad al diseñador o la marca con la que estoy trabajando”, explicaba hace unos días el director de sonido líder de moda Michel Gaubert al medio internacional Business of Fashion (BOF). Según el profesional, el hecho de poder asociar una marca con un determinado estilo musical y tener la posibilidad de escucharla en cualquier momento y lugar, tiene un efecto muy positivo en la fidelización del cliente, ya que firmas que, a menudo, parecen inalcanzables, se vuelven más democráticas cuando puedes sentirlas con un simple click.

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