Ana Julia Quezada, sobre el día que mató a Gabriel Cruz: “Yo estaba muy nerviosa. Sólo quería que se callara”

Ana Julia Quezada, sobre el día que mató a Gabriel Cruz: “Yo estaba muy nerviosa. Sólo quería que se callara”

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Ana Julia Quezada es capaz de pasar del llanto más desgarrador a la frialdad más absoluta. De hablar en susurros ininteligibles a alzar la voz con contundencia. La mujer de 45 años acusada del crimen de Gabriel Cruz, en febrero del año pasado, fue interrogada este martes. En las poco más de dos horas y media que duró su declaración mantuvo la tesis de que la muerte del niño fue un accidente e incorporó dos elementos novedosos en su relato. Aseguró que estaba deseando que la detuvieran, que necesitaba que la descubrieran porque ya no podía soportar más esconder el secreto y que por eso dejó la camiseta del niño en un cañaveral. Y que el día que la detuvo la Guardia Civil su intención era dejar el cuerpo en el maletero de su coche, abandonar a su perra con agua y comida en la cocina y tomar la suficiente medicación para quitarse del medio.

 

 

Ana Julia Quezada no convenció a nadie. Ni parece que sus lágrimas tuvieran el más mínimo impacto en los nueve miembros del tribunal que la escuchaban con atención pero fríos ante su sucesión de lloros, sollozos, perdones y lágrimas. La sospechosa se presentó como una mujer luchadora que llegó a España con apenas 18 años engañada por su hermana mayor que la obligó a trabajar en un prostíbulo de Burgos. Que se enamoró de un modesto camionero con el que tuvo una hija, que se casó después con Sergio con el que se trasladó a vivir a Almería, donde conoció a Ángel, el padre de Gabriel, la Nochevieja del 2016 y con el que empezaron a vivir en septiembre del año siguiente. La mujer definió con dulzura y cariño al hijo de su pareja del que se encargaba los martes que el padre trabajaba pero lo tenía bajo su tutela. Un niño cariñoso con el que nunca había tenido ningún encontronazo salvo un día que ella mismo definió como anecdótico que Gabriel le comentó entre risas que tenía una nariz muy fea “como si me hubieran dado una hostia”.

“Yo estaba muy nerviosa. Sólo quería que se callara. Que me dejara de insultar. Me gritó fea. Negra. Regresa a tu país. Tú no me mandas. Quiero que mi papá vuelva con mi mamá. Entonces le tapé la boca y la nariz con una mano. Y ya no recuerdo nada más”

Le costó por tanto a la acusada convencer al tribunal que ese niño educado y tímido con el que ella dijo haber tenido una muy buena relación, de la noche a la mañana, sin venir a cuento de nada, se convirtiera en una especie de monstruo que empuñando un hacha empezó a gritar a la mujer amenazándola con hacerle daño. “Yo estaba muy nerviosa. Sólo quería que se callara. Que me dejara de insultar. Me gritó fea. Negra. Regresa a tu país. Tú no me mandas. Quiero que mi papá vuelva con mi mamá. Entonces le tapé la boca y la nariz con una mano. Y ya no recuerdo nada más”. La Fiscal Elena María Fernández Lora trató de que la acusada detallara exactamente cómo fueron esos minutos. Que le indicara qué hacía con la otra mano mientras con una le asfixiaba. Pero fue imposible.

 

 

 

Ana Julia Quezada entró en el bucle del no recuerdo nada

Ana Julia Quezada entró en el bucle del no recuerdo nada y fue incapaz de avanzara en el detalle del mecanismo de la muerte, más que se puso muy nerviosa, le impidió respirar y cuando retiró la mano, “el pequeño ya no respiraba”. Estaba muerto. El ministerio público perdió la oportunidad de repreguntar a la acusada para tratar de que la acusada diera alguna explicación ante semejante cambio de comportamiento de un pequeño al que todos su entorno, incluso Ana Julia Quezada, describieron siempre como educado y reservado. La acusada recupero la memoria para describir todo lo que hizo después para ocultar el cuerpo. Las cerca de cuatro horas que permaneció en la finca de Rodalquilar, propiedad de la familia de la entonces su pareja. Durante un buen rato, según su relato, la mujer entró y salió de la casa fumando un cigarro tras otro y después aún tuvo tiempo de pintar una puerta y una nevera de la vivienda, que la familia estaba arreglando para alquilar o pasar ellos las vacaciones de verano.

La mujer definió con dulzura y cariño al hijo de su pareja del que se encargaba los martes que el padre trabajaba pero lo tenía bajo su tutela

Entonces decidió ocultar el cadáver en la misma finca, tampoco le preguntó la Fiscal por qué optó por esa solución. Con una pala que aseguró que ya estaba en la finca cavó un hoyo junto a la alberca y trasladó el cuerpo del niño hasta el agujero. Este momento tuvo su importancia porque la Fiscal insistió en saber si la mujer había arrastrado el cadáver desde la habitación hasta el hoyo. Y de esa manera se produjeron las lesiones que presentaba el pequeño en la cabeza.

Una insistencia que provocó malestar en el rostro del letrado de la acusación particular, Francisco Torres, que tiene otra tesis que defendió el lunes durante el arranque del juicio, que esa hemorragia y hematoma cerebral fueron producto de golpes previos a la asfixia. En cualquier caso, Ana Julia aseguró que agarró al niño por los brazos y en una de las imágenes que tomó la Guardia Civil y que pudieron ver los miembros del tribunal, se ve perfectamente que el cuerpo era tan pequeño que lo llevaba en volandas, sin tocar el suelo.

DJ La Greña

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