Ana Julia Quezada escondió el cuerpo de Gabriel en una acequia, tapado con tierra y ramas

Ana Julia Quezada escondió el cuerpo de Gabriel en una acequia, tapado con tierra y ramas

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Ana Julia Quezada escondió el cuerpo de Gabriel en una acequia, tapado con tierra y ramas
Ana Julia Quezada (Facebook)

Todos estos tristes días, Patricia Ramírez no se ha desprendido de la bufanda azul preferida de su hijo Gabriel Cruz. Tenía el color del mar y al niño le encantaba enroscarla a su cuello. No la llevaba la tarde del 27 de febrero, cuando abandonó la casa de su abuela en Las Hortichuelas para ir a jugar con unos primos. Los forenses que en la mañana de ayer le practicaron la autopsia han determinado que el niño, de solo ocho años,murió estrangulado la misma tarde de su desaparición .

El resultado de la autopsia permite reconstruir mejor lo que ocurrió aquel día en la pedanía almeriense de Níjar, hundida en el más triste de los silencios desde la aparición del cadáver.

Esa jornada, Gabriel estaba en casa de su abuela Puri Carmen con Ana Julia Quezada, de 43 años, la mujer que en el último año y medio se había convertido en novia de su padre. A falta de tomar declaración a la mujer, detenida el domingo cuando trataba de esconder el cadáver en el piso que compartía con Ángel en Puebla de Vícar, los investigadores creen que aquella tarde la sospechosa salió de la casa inmediatamente después del niño y se lo llevó de Las Hortichuelas en coche. Y emprendió rumbo a la finca de Rodalquilar, a sólo cuatro kilómetros, propiedad de Ángel, que había estado alquilada y llevaba dos meses vacía.

De manera premeditada o no, la mujer estranguló al menor, le desvistió para quitarle por lo menos la camiseta interior que llevaba bajo la sudadera con capucha roja, y depositó el cuerpo en la hondonada de una acequia seca que hay junto al aljibe de la finca. Después lo cubrió con tierra y ramas. Y regresó a la casa de la abuela en Las Hortichuelas.

¿Por qué? Durante el día de ayer, muchos fueron los conocidos de los padres de Gabriel que recordaban ya en voz alta algunos de los desplantes que el pequeño le hacía a Ana. Por lo que fuera, el niño no se sentía cómodo con la novia de su padre y así se lo manifestaba a él, a su madre e incluso a ella.

La hija de una expareja de la arrestada alertó a la Benemérita sobre ella hace una semana

Si ese fue el motivo, que Ana se sentía rechazada por el crío y que este se interponía en sus planes de trasladarse en un futuro a vivir con Ángel a la República Dominicana, los investigadores y los psiquiatras forenses dirán. O lo hará ella si decide finalmente contar lo que pasó y por qué lo hizo. Pero como ayer mismo recordaba a este diario un viejo investigador, hace demasiado tiempo y eso fue evidente en el crimen de Asunta, que hay asesinatos que no tienen móvil. Y el crimen de Gabriel es posible que responda a ese patrón, lo que torturará más si cabe la conciencia de unos padres que en los últimos tres días ya tenían sospechas sobre Ana y fingieron por consejo de la Guardia Civil.

Quizás Ángel algún día explique de dónde sacó la fuerza para mantenerse al lado de su novia los últimos tres días, sabiendo que podía tener a su hijo retenido en algún lugar. Tanto Ángel como Patricia confiaban en que Gabriel estuviera vivo y por eso, según desveló la madre en un ejercicio tremendo de generosidad, “disimulamos para no entorpecer la investigación y ablandar su corazón con nuestro amor”.

Pero hace demasiado tiempo que el corazón de esa mujer nacida en la República Dominicana hace 43 años estaba blindado. Hace 22 años ya fue interrogada por la muerte de su primera hija, Ridelca Josefina Gil Lezada. La niña tenía cuatro años y estaba con su hermana Judith de dos en el séptimo piso del número 41 de la calle Camino Casa La Vega, de Burgos. La mayor se encaramó a la mesita de noche, abrió la ventana de doble hoja y se precipitó al vació. Murió en el acto. Llevaba puesto un pijama blanco con rayas rosas y junto a ella cayó su peluche azul, el color de Gabriel.

Los investigadores de la época analizaron el caso y determinaron que la muerte fue un accidente, dando carpetazo al asunto. Ahora, 22 años después, con lo que se sabe que pudo hacer Ana con Gabriel y la sangre fría que demostró durante dos semanas participando en su búsqueda y consolando a los padres, los vecinos de Burgos se hacen mil preguntas. Pese a estar prescrito, la Policía revisará el expediente.

La otra hija, Judith, que entonces tenía dos años y que sigue viviendo en esa misma calle de Burgos con su padre, pero en un bloque vecino, tuvo que ser hospitalizada el domingo con un brote de ansiedad cuando supo que su madre había sido detenida. La joven se desplazó la semana pasada a Las Hortichuelas para colaborar en la búsqueda de Gabriel y apoyar a su madre.

La detenida mantiene absoluto silencio en el recorrido por los lugares del crimen

La detención de la mujer descorchó una acumulación de ira y rencor de demasiada gente que en los últimos años se cruzó en la vida de Ana en Burgos. Llegó a la ciudad en 1995, con 21 años, con la hija que había tenido en su país con 17. Tras la relación con Miguel, el padre de Judith, inició otra, más breve, de año y medio, con Francisco Javier. Jessica, una de las hijas del hombre, desveló ayer que hace una semana, cuando vio a Ana por televisión, telefoneó a la Guardia Civil para advertir de su “verdadera cara”.

La joven les contó que su padre murió de cáncer y que Ana trató de casarse con él hasta el último momento. “No me mueve la rabia, pero esa mujer que está buscando a Gabriel no es buena. A mi padre le robó. No se fíen de ella”. Los investigadores tomaron nota, aunque las miradas ya estaban puestas sobre ella.

Tras un día en los calabozos de la comandancia de Almería, los investigadores la sacaron ayer para hacer una reconstrucción y una medición de los tiempos del día del crimen. La comitiva permaneció varias horas en la finca de Rodalquilar en la que Ana fue “filmada” cuando introducía un bulto en su coche, que resultó ser el cuerpo. Después la trasladaron al número 17 de la calle Horacio de La Puebla de Vícar, a la vivienda que la mujer compartía desde hacía un año con Ángel y a la que llevaba el cadáver cuando fue detenida por la Guardia Civil.

No abrió la boca ni un solo instante. Se mantuvo en silencio y cabizbaja todo el tiempo. Como en su momento ocurrió con el caso de Diana Quer, la cúpula al completo de la unidad central operativa, la UCO, se trasladó a Almería para seguir de cerca las diligencias. Del piso de Vícar se vio salir al jefe de la UCO, el coronel Manuel Sánchez Corbí, al mismo tiempo que una decena de personas trataban de romper el cordón de seguridad para agredir a la detenida.

DJ La Greña

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